Hace dos semanas, después de nuestras vacaciones, creí que había perdido mis AirPods y estaba enfadada conmigo misma porque son caros, de verdad. Mi marido podía localizarlos con su iPhone que decía que estaban cerca de un monumento de una ciudad que habíamos visitado durante las vacaciones. No entendía nada porque me considero una persona cuidadosa con sus pertenencias. Al final, los encontré en mi mochila, precisamente donde los había dejado.
Luego, ayer, vi mis AirPods en la encimera de la cocina, pero mi iPhone decía que no eran míos. Mira, mi hijo tiene un par de una versión idéntica a la mía, así que creía que, bueno, esos eran suyos. Miré en mi iPhone, que decía que mis propios AirPods estaban en algún lugar cerca del centro, donde había estado corriendo el martes. ¡Ay! Sin embargo, sabía por la vez anterior que a veces la tecnología no funciona, pero durante dos días más, seguían perdido. Al final, mi hijo me ayudó. Resultó que esos AirPods en la encimera sí eran míos, a pesar de que mi iPhone no los reconocía. Al final, todo salió bien, pero ¡qué frustrante!