No sé exactamente cómo explicar esta situación, pero llevo semanas pensando en ella y necesitaba escribirlo en algún lugar. Quizá para algunas personas no sea nada extraño, quizá tenga una explicación completamente normal, pero para mí se siente muy raro porque conozco a esta persona desde hace tiempo y nunca imaginé que terminaría preguntándome qué pasó con ella.
Todo comenzó con algo tan cotidiano como ir a clases de vóley.
Yo tengo dos amigas con las que suelo pasar mucho tiempo durante los entrenamientos. Una se llama Jimena y la otra es Luciana, aunque nosotros la llamamos Luci. Éramos prácticamente inseparables. Siempre que llegaba el momento de hacer equipos de tres al final de las clases, terminábamos juntas. Era nuestra pequeña costumbre, algo que ya hacíamos casi automáticamente.
Luci no era simplemente alguien con quien compartía una actividad. Era una parte importante de nuestro grupo. Nos llevábamos bien, nos reíamos juntas y teníamos esa confianza que aparece cuando compartes muchas tardes con las mismas personas.
Nuestras clases eran los lunes, miércoles y viernes, desde las 5:10 hasta las 6:30 de la tarde. Luci solía ser muy puntual. Normalmente llegaba a tiempo y, si alguna de nosotras faltaba, se notaba inmediatamente porque ya no estábamos las tres.
Además, yo tenía un pequeño emprendimiento de productos K-pop y Luci solía comprarme photocards los días que coincidíamos en la academia. Era algo habitual entre nosotras, así que verla durante los entrenamientos y hablar con ella se había convertido en parte de mi rutina.
Todo parecía normal.
Hasta que dejó de serlo.
Unas semanas antes de que yo faltara a las clases, ocurrió algo que en ese momento no me pareció importante.
Estaba enseñándole a Luci una compra que iba a hacer su abuela cuando nos regañaron por estar utilizando el celular durante el descanso. Su abuelita nos llamó la atención delante de Luci y nos dijo que debíamos practicar en lugar de estar con el teléfono.
Fue una situación incómoda, pero tampoco fue algo extraordinario. Estábamos en el descanso y, después de aquello, Luci siguió comportándose normalmente con nosotras. Estaba feliz, hablaba con nosotras y no parecía molesta por lo sucedido.
Por eso nunca pensé que aquel momento pudiera tener alguna importancia después.
Más adelante, Luci comentó que llevaría su celular para intercambiar números de WhatsApp con nosotras. No recuerdo todos los detalles de aquella conversación, pero sí recuerdo que lo mencionó y que volvió a decirlo cuando yo no estaba presente.
Eso significa que no fue solamente algo que yo escuché mal una vez. Mi amiga también sabía que Luci tenía pensado llevar su teléfono.
La idea era que finalmente pudiéramos hablar fuera de la academia, enviarnos mensajes y mantener el contacto incluso cuando no tuviéramos clases.
Sin embargo, nunca llegamos a intercambiar nuestros números.
Y después ocurrió algo que cambió por completo nuestra rutina.
Durante septiembre, Jimena dejó de asistir durante una o dos semanas porque tenía exámenes. Me lo había comentado, así que sabía que su ausencia era temporal y que tenía una razón concreta.
Poco después, yo también tuve que dejar de asistir durante una semana porque estuve hospitalizada.
Mientras estaba fuera, no podía ir a los entrenamientos ni compartir las tardes con mis amigas. Pensaba que, cuando regresara, todo volvería a la normalidad. Volvería a la academia, encontraría a las chicas y podríamos seguir jugando como siempre.
No sabía que, cuando regresara, una parte de nuestra rutina ya no estaría ahí.
El 12 de octubre volví a las clases.
Llegué y solamente estaba Jimena. Luci no había aparecido.
Al principio pensamos que quizá llegaría tarde. No era extraño que alguien se retrasara alguna vez, así que esperamos mientras avanzaba el entrenamiento.
Pero el tiempo pasó.
Llegó la hora en que normalmente terminábamos y Luci no apareció.
No hubo ningún mensaje suyo porque no teníamos su número. Tampoco recibimos una explicación de algún familiar. Simplemente no estuvo ahí.
Lo más extraño era que Luci acostumbraba llegar puntualmente. No era alguien que faltara constantemente ni alguien cuya ausencia pasara desapercibida.
Por eso me resultó tan difícil entender lo que estaba ocurriendo.
Al principio pensé que quizá se había perdido algunas clases por motivos escolares o familiares. Mi amiga Jimena también había faltado anteriormente por sus exámenes, así que no parecía imposible que Luci tuviera algún motivo parecido.
Pero fueron pasando los días y continuó sin aparecer.
La última vez que Jimena recuerda haberla visto fue un viernes antes de que comenzara octubre.
Desde entonces, por lo que sabemos, no hemos vuelto a verla en los entrenamientos.
Lo que más me desconcertó ocurrió cuando decidí preguntarle al profesor por ella.
Esperaba una respuesta sencilla, algo como que estaba faltando durante unos días o que regresaría la siguiente semana.
Pero el profesor me dijo que Luci ya no estaba inscrita en vóley.
Esa respuesta me dejó confundida.
¿Cómo que ya no estaba inscrita?
Yo no sabía que hubiera decidido abandonar las clases. No recuerdo que nos hubiera contado que iba a dejar de asistir definitivamente. Tampoco recuerdo que se hubiera despedido de nosotras ni que nos hubiera dicho que no volvería.
Para mí, simplemente había dejado de aparecer.
Cuando le comenté lo que el profesor me había dicho a Jimena, ella no tenía una explicación que pudiera confirmar. Pensaba que quizá Luci seguía inscrita y que podía estar de vacaciones, pero eso era solamente una posibilidad.
No sabíamos si había dejado la academia, si su familia había tomado alguna decisión o si existía algún otro motivo.
Y lo peor es que tampoco teníamos una manera sencilla de averiguarlo.
No teníamos su número de WhatsApp. No sabíamos dónde vivía y nunca habíamos hablado directamente con su madre o su abuelita sobre la posibilidad de que dejara las clases.
Todo lo que teníamos eran recuerdos, unas cuantas conversaciones y la información contradictoria que habíamos recibido.
Fue entonces cuando empecé a recordar aquella conversación sobre el celular.
Luci había dicho que lo llevaría al día siguiente para intercambiar números.
Después no llegamos a hacerlo.
Y, con el paso del tiempo, dejó de asistir.
No puedo afirmar que estas cosas estén relacionadas, pero ahora me cuesta evitar pensar en ello.
También recuerdo lo de su abuelita. Aquel día nos regañó delante de Luci por utilizar el teléfono. Sé que eso no demuestra nada, pero me hizo pensar que quizá en su familia fueran estrictos con ese tipo de cosas.
Tal vez Luci no pudo llevar el celular.
Tal vez tuvo algún problema con sus horarios.
Tal vez sus familiares decidieron que dejara de asistir a vóley.
O quizá todo esto no tenga absolutamente ninguna relación entre sí.
No tengo pruebas para defender ninguna de esas explicaciones.
Lo extraño es que, cuando recuerdo cómo se comportaba Luci antes de faltar, no encuentro ninguna señal evidente de que estuviera enfadada con nosotras. Después de lo ocurrido con su abuelita, siguió feliz. No recuerdo ninguna discusión entre las tres ni ningún momento en el que pareciera querer alejarse de nuestro grupo.
Por eso me cuesta entender que haya dejado de aparecer sin que nos enteráramos de lo que estaba pasando.
Hay algo bastante inquietante en acostumbrarte a ver a una persona en el mismo lugar durante meses y, de repente, dejar de verla sin tener una explicación.
Al principio esperas que llegue tarde.
Después piensas que quizá faltará solamente ese día.
Luego vuelves a la siguiente clase y miras de nuevo hacia la entrada, casi por costumbre, esperando verla llegar con su familia.
Pero la clase comienza, el entrenamiento continúa y ella no aparece.
Cuando llega el momento de formar los equipos de tres, ya no somos las mismas tres personas de siempre.
Es una ausencia pequeña para alguien que no la conoce, pero para nosotras cambia completamente la dinámica de las clases.
Yo extraño a Luci. Jimena también formaba parte de ese trío y ahora tenemos que acostumbrarnos a que falta alguien con quien compartíamos todos esos momentos.
Lo que más me duele es no saber si algún día volveremos a jugar juntas.
No sé si Luci sigue yendo a alguna otra academia. No sé si está de vacaciones. No sé si dejó el vóley por decisión propia o si sucedió algo en su familia. Ni siquiera sé si ella sabe que seguimos preguntándonos por su ausencia.
Y no quiero inventarme una historia terrible solamente porque no tengo respuestas.
Sin embargo, cada vez que recuerdo que iba a llevar su celular para intercambiar números con nosotras y que después dejó de aparecer, siento esa extraña necesidad de encontrar una explicación que conecte todas las piezas.
Quizá, dentro de unos días, vuelva a verla entrar por la puerta de la academia acompañada de su abuelita, como si no hubiera pasado nada. Quizá nos explique que tuvo que dejar las clases durante un tiempo y que finalmente podrá regresar.
O quizá no vuelva.
Por ahora, no sé cuál de esas posibilidades es la verdadera.
No estoy diciendo que haya ocurrido algo sobrenatural ni que le haya pasado algo malo. No tengo ninguna evidencia para afirmar algo así. Lo único que sé es que una amiga que formaba parte de nuestra rutina dejó de asistir, que el profesor dijo que ya no estaba inscrita y que nosotras seguimos sin conocer el motivo.
Y quizá eso sea lo que hace que la situación se sienta tan extraña: no ocurrió nada que podamos señalar como el momento exacto en que todo cambió. No hubo una despedida que recuerde, una explicación que pudiera conservar ni un último mensaje que nos permitiera entender lo sucedido.
Solamente estábamos acostumbradas a verla llegar.
Y un día dejamos de verla.
Desde entonces, cada entrenamiento continúa sin ella, mientras nosotras seguimos intentando entender qué pasó con nuestra tercera integrante.
Ojalá algún día pueda volver a jugar con nosotras. Por ahora, lo único que me queda es recordar los partidos que compartimos y esperar que esté bien, donde quiera que se encuentre.