Las nuevas estimaciones de MapBiomas Bolivia para 2025 acaban de salir. El país registró una pérdida neta de 200.297 hectáreas de ecosistemas boscosos, una cifra menor a la observada en 2023 y 2024, aunque todavía superior a la de 2022 y 2020. Sin embargo, esa aparente mejora viene acompañada de un dato mucho más inquietante, la perdida neta de ecosistemas no boscosos alcanzo 618.198 hectáreas, la mayor registrada desde 1985.
En conjunto, las formaciones boscosas y naturales no boscosas disminuyeron en unas 818.500 hectáreas durante 2025, una superficie equivalente a cerca del 1 % del total que ocupan estos ecosistemas en Bolivia. Es, por lo tanto, el tercer año consecutivo en que la reducción neta conjunta supera las 800.000 hectáreas, en 2023 fueron unas 860.000 y en 2024, unas 872.000. Ningún año anterior de la serie había superado siquiera el umbral de las 600.000 hectáreas.
La magnitud del cambio obliga a mirar más allá de los ecosistemas boscosos. Contar únicamente la pérdida de bosque deja fuera una parte creciente de la transformación territorial que está ocurriendo en Bolivia, especialmente en sabanas, pastizales, matorrales y humedales, ecosistemas que muchas veces desaparecen de la discusión pública porque no entran en las estadísticas habituales de deforestación.
Santa Cruz concentró el 40,8 % de la pérdida neta de formaciones boscosas, con unas 81.768 hectáreas; Beni, el 31,5 %, con 63.126; y La Paz, el 11,6 %, con 23.165. En conjunto, estos tres departamentos representaron cerca del 84 % del balance nacional. Es importante recordar que Santa Cruz es el departamento con mayor peso forestal del país, con aproximadamente el 45,1 % de las formaciones boscosas nacionales.